jueves 28 de agosto de 2008
domingo 17 de agosto de 2008
TEMA: LA VACA
Por Don Enrique Juarez
A este seccionado público les hago llegar una composición escolar que escribí cursando el primer grado superior (segundo de ahora) de la escuela primaria, año lectivo 1951.
La vaca es un animal, no hay dudas. Come pasto de una manera que, si fuera carne, sería pecado. El pecado de la carne es el que tenemos nosotros con las vacas, porque le sacamos lo suyo sin que ella gane nada de nada. Al contrario: trabaja a pura pérdida. Lo peor es que ni se da cuenta. Nacen generalmente en el campo, al aire libre. Esa es una lástima, porque terminan creyendo que van a pasar una buena vida andando bajo el sol y comiendo a destajo. Son sociables y andan casi siempre en grupo. Tienen pelambre de colores varios. Pero lo más lindo es que miran con tanta inocencia. Tienen el hocico rosado y esto ayuda a que parezcan un dibujito. Y menean las ubres al caminar campantes por el predio que les tocó en suerte. No saben que su misión es darnos todo, todo, desde la cabeza a los pies pasando por la cola. Con los cuernos hacemos botones o cosas por el estilo. Con el cuero, como se sabe, zapatos, carteras, portafolios, billeteras, etc. Lo que está abajo del cuero, todo en general, lo comemos. A los huesos se los muele para hacer un polvo de donde se saca calcio. Con la cola, un pincel para artistas que sepan imitar los movimientos naturales de ese adminículo. Puede ser que las vacas sean artistas que dibujan y pintan con la cola pero como lo que hacen es invisible para nosotros, sólo vemos vacas y pasto. Quien te dice que la mirada indescifrable es en realidad contemplativa de sus artes entre ellas. Y que los toros se enamoran de los dibujitos y pinturas que hacen las vacas y entonces las montan para ver de cerca lo que crea la cola en movimiento. Pero parece que ahí descubren la naturaleza que los anima y se vuelven animales en todo uso del goce que les otorga legitimidad para actuar. De la vaca sólo se ve que no se molestan. Lo toman naturalmente, también. Siempre se dice al hombre fuerte que es como un toro y el hombre se siente halagado. Pero si a una mujer le decís cualquier comparación con la vaca se enojan mucho. Quizás si con cautela le decís que tienen el hociquito rosado y la mirada dulce se pongan alegres, pero no hay que mencionar la fuente de inspiración. Y creo que ahí se acaba el tema. No le vas a decir del pelaje, ni de las pezuñas. Ni loco. Tal vez que menean con gracia la cola. O que sus glándulas son portentosas. O que te hacen sentir un toro. Hasta ahí puede ser, pero con tacto y sin mentar el modelo. Como se ve, la vaca no es muy útil que digamos en estas cosas. De modo que -diría- es un animal de consistencia muy concreta y utilitaria. Hay quienes la desafueran del menú: son lo autodenominados vegetarianos. En ese sentido se comportan como la vaca y hacen bien, porque queda feo que se devore a un igual. Pero la vaca ni mú, no se entera. Si vamos a la verdad no se entera de nada o se hace la indiferente y mira los trenes como si tal cosa. Deben sentirse halagadas de que en los trenes haya madres y padres que las señalan y les dicen a los chicos. ¡mirá las vaquitas!, cuando para las vacas es de lo mas común ser como son y estar donde están. Ya conocen el asunto porque hace años que les sucede y debe haber también transmisión oral de la experiencia, porque las vacas son muy orales y mugen bastante y las otras escuchan porque tienen oído. Pero yo no me detengo a pensar mucho en las vacas porque no soy vegetariano y puestas en el plato no se las reconoce fácilmente. Reconocerlas atenta contra el instinto comedor de uno. Me acuerdo que una empresa vendía carne de vaca por internet y te daban un código mediante el cual podías acceder a una postal de campo con la puesta en escena de la occisa aún disfrutando del verde. Me enteré de varios pelajes que dieron cobijo adecuado al asado y al vacío que esperaba en la heladera. Pero se hacía muy morboso eso y ante la opción de tener que elegir entre la foto y el asado me quedé con lo último porque me parecía mas saludable y no se podía vivir de evocaciones, por agradecido que fueras. De esa situación surgió la necesidad de escribir sobre las vacas para hacer de ellas un concepto que no perturbe la conciencia ni el gusto. Apelo a la disociación y cuando pienso en las vacas las veo nítidas y totales dentro de su cuero entero y en su hábitat paciendo y sin pensar en el futuro y las veo felices y me agarra una paz y una emoción de los mas ecológica que se pueda sentir y las miro con ternura (casi digo con ternera) y me siento tan amigo de ellas. La otra vista del asunto es en la parrilla o en el plato. En ese momentos no caben ambigüedades ni dudas y el único miramiento posible es para medir el bocado. Por algo existen dichos como "de carne somos", "el espíritu está dispuesto pero la carne es tierna", "cuando te dieren la vaquilla corre por la soguilla", "si la vaca fuera honrada no tendría cuernos el toro", "nadie muere mocho", "res non verba", "bajo el ojo del dueño engorda el ganado" (o sea las vacas y otros). Etc. Es como decir adoro las vacas por fuera y por dentro. ¿Hay animal comparable?
A este seccionado público les hago llegar una composición escolar que escribí cursando el primer grado superior (segundo de ahora) de la escuela primaria, año lectivo 1951.
La vaca es un animal, no hay dudas. Come pasto de una manera que, si fuera carne, sería pecado. El pecado de la carne es el que tenemos nosotros con las vacas, porque le sacamos lo suyo sin que ella gane nada de nada. Al contrario: trabaja a pura pérdida. Lo peor es que ni se da cuenta. Nacen generalmente en el campo, al aire libre. Esa es una lástima, porque terminan creyendo que van a pasar una buena vida andando bajo el sol y comiendo a destajo. Son sociables y andan casi siempre en grupo. Tienen pelambre de colores varios. Pero lo más lindo es que miran con tanta inocencia. Tienen el hocico rosado y esto ayuda a que parezcan un dibujito. Y menean las ubres al caminar campantes por el predio que les tocó en suerte. No saben que su misión es darnos todo, todo, desde la cabeza a los pies pasando por la cola. Con los cuernos hacemos botones o cosas por el estilo. Con el cuero, como se sabe, zapatos, carteras, portafolios, billeteras, etc. Lo que está abajo del cuero, todo en general, lo comemos. A los huesos se los muele para hacer un polvo de donde se saca calcio. Con la cola, un pincel para artistas que sepan imitar los movimientos naturales de ese adminículo. Puede ser que las vacas sean artistas que dibujan y pintan con la cola pero como lo que hacen es invisible para nosotros, sólo vemos vacas y pasto. Quien te dice que la mirada indescifrable es en realidad contemplativa de sus artes entre ellas. Y que los toros se enamoran de los dibujitos y pinturas que hacen las vacas y entonces las montan para ver de cerca lo que crea la cola en movimiento. Pero parece que ahí descubren la naturaleza que los anima y se vuelven animales en todo uso del goce que les otorga legitimidad para actuar. De la vaca sólo se ve que no se molestan. Lo toman naturalmente, también. Siempre se dice al hombre fuerte que es como un toro y el hombre se siente halagado. Pero si a una mujer le decís cualquier comparación con la vaca se enojan mucho. Quizás si con cautela le decís que tienen el hociquito rosado y la mirada dulce se pongan alegres, pero no hay que mencionar la fuente de inspiración. Y creo que ahí se acaba el tema. No le vas a decir del pelaje, ni de las pezuñas. Ni loco. Tal vez que menean con gracia la cola. O que sus glándulas son portentosas. O que te hacen sentir un toro. Hasta ahí puede ser, pero con tacto y sin mentar el modelo. Como se ve, la vaca no es muy útil que digamos en estas cosas. De modo que -diría- es un animal de consistencia muy concreta y utilitaria. Hay quienes la desafueran del menú: son lo autodenominados vegetarianos. En ese sentido se comportan como la vaca y hacen bien, porque queda feo que se devore a un igual. Pero la vaca ni mú, no se entera. Si vamos a la verdad no se entera de nada o se hace la indiferente y mira los trenes como si tal cosa. Deben sentirse halagadas de que en los trenes haya madres y padres que las señalan y les dicen a los chicos. ¡mirá las vaquitas!, cuando para las vacas es de lo mas común ser como son y estar donde están. Ya conocen el asunto porque hace años que les sucede y debe haber también transmisión oral de la experiencia, porque las vacas son muy orales y mugen bastante y las otras escuchan porque tienen oído. Pero yo no me detengo a pensar mucho en las vacas porque no soy vegetariano y puestas en el plato no se las reconoce fácilmente. Reconocerlas atenta contra el instinto comedor de uno. Me acuerdo que una empresa vendía carne de vaca por internet y te daban un código mediante el cual podías acceder a una postal de campo con la puesta en escena de la occisa aún disfrutando del verde. Me enteré de varios pelajes que dieron cobijo adecuado al asado y al vacío que esperaba en la heladera. Pero se hacía muy morboso eso y ante la opción de tener que elegir entre la foto y el asado me quedé con lo último porque me parecía mas saludable y no se podía vivir de evocaciones, por agradecido que fueras. De esa situación surgió la necesidad de escribir sobre las vacas para hacer de ellas un concepto que no perturbe la conciencia ni el gusto. Apelo a la disociación y cuando pienso en las vacas las veo nítidas y totales dentro de su cuero entero y en su hábitat paciendo y sin pensar en el futuro y las veo felices y me agarra una paz y una emoción de los mas ecológica que se pueda sentir y las miro con ternura (casi digo con ternera) y me siento tan amigo de ellas. La otra vista del asunto es en la parrilla o en el plato. En ese momentos no caben ambigüedades ni dudas y el único miramiento posible es para medir el bocado. Por algo existen dichos como "de carne somos", "el espíritu está dispuesto pero la carne es tierna", "cuando te dieren la vaquilla corre por la soguilla", "si la vaca fuera honrada no tendría cuernos el toro", "nadie muere mocho", "res non verba", "bajo el ojo del dueño engorda el ganado" (o sea las vacas y otros). Etc. Es como decir adoro las vacas por fuera y por dentro. ¿Hay animal comparable?
miércoles 13 de agosto de 2008
martes 12 de agosto de 2008
TEMA: EL GATO
Por Don Enrique Juarez
Les envío una composición que hice en la escuela primaria, sexto grado (equivalente al séptimo actual), año 1957, escuela Belgrano, turno tarde, siendo mi maestra la señorita Nelly Navarro, de grata memoria.
El gato es un felino y los felinos son los animales mamíferos del orden de los digitígrados, con la cabeza redonda y hocico corto, patas anteriores con cinco dedos y posteriores con cuatro, uñas agudas y retráctiles. Se aclara que las llamadas 'gatos' (por lo menos en Buenos Aires actual) son chicas que del gato sólo tienen las uñas. También se aclara que 'el gato' en Tucumán y Santiago del Estero no tiene que ver con el animal en cuestión sino con gente que confunde lo propio con lo ajeno (en alguna novela española de no se cuánto tiempo atrás me sorprendió ver que le decían 'gato' al bolsillo y a los ladrones). El gato de verdad es de la familia del león y del tigre, pero como es mas chiquito se puede tener en la casa de uno como si tal cosa. Hay gente que los ama hasta la adicción y no pueden pasarse sin un gato. Hay otra gente que no los quiere ver. Los que están a favor se sienten felices de que el gato les ronronee y curve el lomo bajo la mano que lo acaricia. Les encanta que el gato los sobe y sobar al gato. Hay un algo erótico en eso. Es que el gato es erótico y la gente que los soba se pone sensual como el animalito. Quizás porque tiene movimientos sinuosos, ronronea, le gusta dormir con calorcito de chimenea o de gente, se rodea de un halo de misterio, se ve libre y hasta indescifrable (se parece al amor en que hay 'algo' a conquistar). En realidad se le adjudican estas cosas por el simple hecho de que para encontrar una gata (y viceversa) salen a buscar, cosa que no puede hacer un perro o una perra, a menos que anden por la calle, situación que no es común en una ciudad grande, donde el sexo perruno se acuerda entre los dueños de las mascotas y los fines eclesiásticos de sólo la reproducción (y la ganancia en la venta de cachorros certificados de pura raza), no del placer. El gato, en cambio, se va a los techos y allí sucede el encuentro, seguramente por la guía del olfato. Quién no escuchó esas verdaderas bacanales que refuerzan la visión de sexo salvaje. Más aún cuando el gato regresa a su lugar hogareño, y muestra marcas de la batalla con otros machos en disputa por el amor de una felina toda envuelta en la fragancia de olor a hembra y prometedora de voluptuosos vaivenes en común, con largos prolegómenos y largo curso amatorio. Digan si no es inteligente este animal, que pasa por vago y poco fiel al amo, al que a veces rasguña quizás porque quiere ver si el amo es de plástico o lleva sangre o aunque sea sangraza en las venas. Del perro se dice que establece una relación casi humana con el dueño, lo cual es para aplaudir. Hasta se citan casos de cánidos que salvan vidas. O aunque sea ayudan a vivir, como, por ejemplo, los de raza San Bernardo, uno de los cuales tiene un amigo que lo entrenó para que lleve el clásico barrilito de coñac (que, dicen es para salvar a los atrapados en la nieve), pero mi amigo no vive en zona de nieve y enseñó al perro a acercarle el barrilito -con vino tinto- en cuanto el animal detectara el comienzo de un síndrome de abstinencia, aunque se pasó de prevenido ya que nunca alcanzaba esa carencia. Pero volvamos al gato, que algo bueno tiene como compañía. En general los he visto muy apreciados por toda clase de gente, desde la 'normal' hasta los 'pintorescos' que sacan un poco los pies del plato. También los he visto con gente de pocas pulgas o con cierta reticencia a la proximidad de humanos, por algo será. Quizás el equivalente del desencanto de aquél que dice que cuando mas conoce a la gente mas quiere a su animalito, aunque sea un hámster, pero suelen citar al perro. Opinión que uno respeta cada vez más. En los diarios aparecen casos de perros que comen a gente chiquita, excepción sea hecha de los petisos, que saben del tema y guardan prudente distancia. En cambio no se sabe de un gato que haya seguido semejante dieta, cualesquiera sea la razón de su respeto al cristiano. El asunto es que resulta mejor para la salud el gato que algunos perros, que se toman muy a pecho el lado malo de sus entrañas. El gato ama la paz, el silencio, la comodidad, el buen clima, conserva habilidad instintiva de caza y se conforma con el respeto hacia su persona, aunque no reniega de aproximaciones siempre y cuando sea él quien la inicie o esté de acuerdo. No es un animal con manija para que vengan y lo lleven y lo traigan. No. Tiene sus modos y sus rincones preferidos. Se siente óptimo de clima en casas de almas gemelas, gente un tanto solitaria que vive sola, muchas veces adorables viejitas que son también, como el gato, de marcar territorios, de pocas palabras, rutinarias, que si han enviudado suelen pensar con íntimo regocijo exento de culpa 'bueno, yo no lo maté' y se dedican con tranquila alegría a sus manías con el estímulo que da saber que nadie va a interferir con manías ajenas a las propias que son sagradas y, en ese caso de viudez, consagradas por selección natural. El gato es la mascota indicada, pero la compañía humana, la casa, la comida y el sillón no le salen siempre gratis al pequeño felino, porque no faltan quienes, en un afán deprecatorio de domesticación, creen que el animalcito es una 'cosa' de 'su' propiedad y proceden a ejecutar (lo en) una medida que tiene por igual adeptos y contrarios: sea gato o gata da igual porque el resultado es, justamente, que quedan hechos ni gato ni gata. A mi me parece un atropello porque le quitan la alegría, la idiosincrasia, el impulso vital, le estancan para siempre el ADN que, como se sabe gracias a Darwin, es la sustancia cuya propalación justifica que los animales con cuernos se den topetazos, los de garras se agarren mal, los con pico se piquen hasta que el otro se las pique y así de seguido. Pero el pobrefelino es un rehén, como el canario de la jaula de oro. Lo peor es que una vez desangelados ya no pueden pensar (quizás sea mejor, pobres) y se echan a dormir como un mero expediente de paso, que no deja huella en el planeta Tierra. Y la viejita o el dueño o dueña, cualquiera sea su edad o estado civil, se congratula del hecho de que el gato sea un gatito gordito, tranquilo, que ronronea sin amenazar nunca, comilón (sin alusiones) y sobre todo que se haya convertido en casero y segura compañía, una mera cosa viviente sin salida al peligroso y excitante mundo nocturno de los gatos que parecen pelear pero la pasan muy bien, lo que se nota en la cara que traen a casa, ya sea de viriles heridas de ganador o la pancita con semillitas plenas del glorioso ADN gatuno. Hacen del animalito un vegetalito sin posibilidad de flores, casi un bicho de maceta. Pero aclaremos que hay otros dueños de gatos que respetan la completa anatomía y correspondiente naturaleza y la dejan seguir su curso. Si se trata de un gato le curan las heridas. Si es una gata después se agarran la cabeza y en el mejor de los casos consiguen alguien que críe los frutitos del amor y en otros casos los dejan en el botánico de Buenos Aires donde crecen con todos sus atributos y ya grandes cumplen la misión de comerse ratas, diferenciando a los equivalentes humanos para no envenenarse. Allí, en el Botánico, frente al Zoológico, está el Zoo de los gatos. Son una legión de gatos libres, orgullosos, dignos, con pinta de indigentes, viviendo en compañía de sus iguales, asumiendo sus hormonas, su lugar, su destino y, sobre todo, su condición. No tienen dueño y son como son.
Eso: son como son.
Con cariño, para todos ustedes.
lunes 11 de agosto de 2008
miércoles 6 de agosto de 2008
domingo 3 de agosto de 2008
viernes 1 de agosto de 2008
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